Parte de la gran tragedia que vivimos hoy en día los venezolanos es el enorme desprecio, que desde los altos niveles de gobierno, se le otorga al conocimiento. Los países que tienen como norma el respeto al conocimiento, producen ciencia y cultura y la exportan, influyen sobre los demás, generan riqueza y defienden ideas de progreso. Estos países cuidan sus universidades, se ocupan de preservar el talento, estimulan adecuadamente a sus profesores, desarrollan políticas que preserven la calidad de la educación con lo que alejan de ellos los riesgos de caer en formas de gobierno autoritarias y por ello cuentan con mayores probabilidad de salir airosos de las crisis cuando éstas se presentan.
Por el contrario, los otros países, con enormes desigualdades, que insultan en forma reiterada la inteligencia, desprecian el esfuerzo y e conocimiento, no logran superar la pobreza y están condenados al fracaso.
Es lamentable notar como, en parte como consecuencia de este manifiesto desprecio al conocimiento y por la misma limitación intelectual de las élites gobernantes, se ha generado un nuevo lenguaje totalitario típico de regímenes como el actual. La reutilización de términos, el mote y la mofa, el remachar lemas y frases para procurar homogeneizar el pensamiento, incluyendo la afrenta a la lengua castellana del uso de “millones y millonas” es una muestra evidente del primitivismo que nos rodea y gobierna.
Afirma Leonardo Paruda en su magnífica obra “El hombre que amaba los perros” que “la belleza y el socialismo parece que juegan en equipos contrarios….pero uno se acostumbra a todo”. La simple lectura de la frase nos ayuda a explicar, en parte, el enorme deterioro que notamos a nuestro alrededor y que se manifiesta en la infraestructura, educación, cultura, lenguaje y valores; esta nueva estética es sin duda parte del legado de estos últimos 15 años que estamos procurando, en el corto plazo, se conviertan en un paréntesis en la historia republicana de nuestro país.
Nos tocará una tarea muy retadora y de elevado compromiso moral e intelectual rescatar para nuestras próximas generaciones el respeto al conocimiento y el valor del esfuerzo. No hay forma de salir del atraso y dirigir el rumbo hacia el progreso que no sea a través del esfuerzo conjunto de la mayoría del país que clama por un cambio en democracia.
Este “socialismo” fracasó y se está abriendo el paso a un nuevo sistema de gobierno y de convivencia ciudadana que inicie el camino hacia el progreso y nos permita en un futuro, evaluar con sindéresis y equilibrio el valor de este paréntesis, que no tengo dudas, tendrá sus connotaciones positivas pero también se posará sobre él el dedo acusador de la historia.
María Elena Arcia Paschen



