
Ha sido sorprendentemente vertiginosa la velocidad con la que los órganos del Estado se han abocado y avocado al caso de Richard Mardo. Muy en particular el máximo tribunal del país ha sido expedito en la decisión de permitir que el caso prospere judicialmente, con lo cual ha autorizado que se le enjuicie, una vez que su inmunidad parlamentaria le sea allanada, a lo cual seguramente procederá sin más dilación la Asamblea Nacional. Asombra tanta eficiencia en un tribunal que sí por algo brilla es por su lentitud, como lo evidencia la montaña de expedientes que se apilan esperando que algún día el TSJ se avoque a conocerlos y decidirlos. Seguramente los magistrados del Supremo, dada la trascendencia del asunto, dedicaron sus mejores esfuerzos a estudiar la situación. Era un asunto crucial para la República. En ello estribaba el futuro de la nación. Así las cosas, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), en sala plena, declaró procedente el antejuicio de mérito contra el diputado de la Asamblea Nacional Richard Mardo, autorizando al Ministerio Público a continuar sus actuaciones por la presunta comisión de los delitos de defraudación tributaria y legitimación de capitales.
No ha trabajado con igual “diligencia” el Supremo en lo referente al caso de las elecciones del pasado 14 de abril. Para los “supremos” ese asunto no reviste importancia alguna y por ende no ven necesidad de afanarse. Así, el procedimiento está en estado de animación suspendida. Millones de ciudadanos deben esperar pacientemente que los supremos tengan tiempo para dedicarse al menor asunto de revisar las solicitudes que permitirían una querella que dilucidaría si hubo o no trajín en los comicios. Al parecer, para los magistrados, eso no tiene la menor importancia, aunque sea por demás conocido que la demora de la justicia significa injusticia.
Dijo Blaise Pascal que “La justicia sin la fuerza es impotente, y la fuerza sin la justicia es tiránica”. O como afirmó el gran Séneca, “Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía”. Pero eso es irrelevante para los supremos. Todo indica que para ellos la agenda de los asuntos importantes está marcada por aquellas cosas que los poderosos enchufados requieren. Ante la proximidad de las elecciones municipales, Richard Mardo es una muy incómoda piedra que hay que sacarse del zapato. Lo que molesta hay que anularlo, destruirlo, meterlo en un hueco donde no pueda respirar, para que puedan respirar con tranquilidad los enchufados de Aragua. Para este caso, los supremos han desarrollado velocidad supersónica.
Los enchufados también necesitan que los procesos a las elecciones de abril caigan en mengua, buscando que fallezcan de inanición. Así entonces, le quitan gasolina al carro de la justicia y ni tan siquiera ofrecen una justificación medianamente aceptable para excusar la tardanza. Los supremos imprimen entonces a su quehacer velocidad de morrocoyes cansados, aunque para el pueblo, ese pueblo que mira y evalúa, los ardides que triunfan sobre la justicia llevan al pueblo a dudar de la justicia despachada del más alto tribunal.
Varias declaraciones han marcado el ritmo de ambos procesos. Hubo “línea” lanzada desde las más altas esferas. Si por mensajes abiertos en las redes sociales y hasta en declaraciones públicas de los más altos personeros del Estado se marcó el rumbo de ambos procesos, ya puede el pueblo intuir sin mayor esfuerzo lo que se puede haber discutido y cocinado a puertas cerradas.
El próximo domingo, 21 de julio, se cumplen 107 años del reintegro de Alfred Dreyfus al Ejército francés y de ser condecorado con la Legión de Honor. En todas las escuelas de Derecho del mundo, y muy en particular en las de Francia, se estudia este famosísimo caso como ejemplo de la lucha de la justicia por vencer a la injusticia.
Los estudiantes de Derecho de nuestra Venezuela habrán de estudiar con denuedo y muchísima atención estos dos casos -el de Richard Mardo y el de las elecciones del 14-A de 2013 como “casos históricos”- en los que los supremos tuvieron conductas tan disímiles.
El diputado Richard Mardo enfrentará los cargos. Será llevado a juicio. Y a pesar que parezca que no será así, el caso del desfalco al pueblo perpetuado el 14 de abril por quienes forjaron unos votos quedará por siempre en la memoria de los venezolanos. Así como las generaciones presentes sabemos que Pérez Jiménez hizo lo que hizo en aquellas elecciones de 1952, las generaciones de hoy y del mañana tendrán siempre muy claro quién ganó las elecciones del 14 de abril de 2013 y quienes decidieron congelar las impugnaciones jugando a que el tiempo borre de la memoria los hechos.
Por Gerardo Blyde
@gerardoblyde


