Hay 2 países: la Venezuela boyante que pretende presentar Maduro ante el mundo contratando a influencers y youtubers, y el país retratado por la encuesta ENCOVI
Definitivamente las tiranías no ceden un centímetro en su intento permanente de decretar la felicidad como estado general de la sociedad, aun cuando el camino esté sembrado de púas y cadillos para quien desconoce cuál será su sustento diario.
Definitivamente hay 2 países: la Venezuela que pretende presentar Maduro ante el mundo, cuando decreta, tras la enésima reconversión monetaria, prohibir la subida de precios y castigar “con todo el peso de la ley” desde el buhonero hasta el empresario; adelantar las navidades para octubre, la reapertura de casinos bolivarianos y coronarrumbas revolucionarias. Cuando incluso se aventura a pronosticar risibles tasas de crecimiento económico para este año 2021.
Como la imagen de la dictadura y sus impresentables voceros no goza de la aureola de la guerra fría, contratan a influencers y youtubers. Tipejos que presentan un “país reconstruido” con la apertura de bodegones y hoteles como resultado de una “nueva generación de emprendedores”. Visitantes conspicuos de zonas de confort y esparcimiento en la capital.
En un contexto de tragicomedia del absurdo, con el perdón de Eugene Ionesco, se mofan del pueblo venezolano mediante la tercera reconversión monetaria. Habiendo eliminado catorce ceros desde 2008 hasta 2021, presentan esta como el retorno al añorado tiempo de un dólar a Bs. 4,30. Hablan del regreso del real y la serie de billetes de otrora, a sabiendas de que la inflación en semanas se encargará de ridiculizar esta nueva versión del bolívar. Tanto como lo hizo con el bolívar fuerte y el soberano, solo útiles para que los niños jueguen monopolio en las barriadas.
Entre tanto, la otra Venezuela, la real, la que sufren a cada instante los millones de residentes en el país, reconoce datos lapidarios de la encuesta ENCOVI 2021. Publicada recientemente por la UCAB, el documento registra una pobreza del 94,5 % de la población y una pobreza extrema de 76 %. Es decir, de cada 4 venezolanos, 3 viven en la menesterosa indigencia. En resumen, pasamos del otrora país petrolero al país de los pobres. Ya no somos república, al perder nuestra soberanía ante el eje del mal que gobierna.
Para colmo de males y desvergüenza de quienes anuncian que Venezuela está feliz, lo agrava el manejo de la pandemia por un régimen que anuncia haber vacunado a un 40 % de la población, siendo en realidad un aproximado 18 % el que ha recibido al menos 1 vacuna; incluyendo la tan cuestionada Sputnik V, que no la quieren ni los rusos. Por no mencionar la Abdala cubana, experimentada con la población local como conejillos de Indias. En medio de ese desmadre pretenden el retorno a clases ante datos no oficiales de mortalidad que multiplican por 5 las cifras de fallecidos por COVID-19 anunciadas por el régimen.
Este apocalipsis que vive el país se denuncia sin aspavientos en la diáspora. Al preguntarles a los venezolanos exiliados en Colombia sobre un probable retorno, el 90 % prefiere quedarse; y a quienes sufrieron la agresión criminal en Iquique rechazaron rotundamente la visita del embajador de Maduro en Chile, con una rotunda negativa al demagogo plan vuelta a la patria de la dictadura madurista.
La dramática realidad nacional pretenden contrastarla con una versión de normalidad que no existe sino en los teatros operacionales del régimen. Y de aquellos participantes en unas elecciones fraudulentas, que en absoluto significan una salida a la profunda crisis política, social y económica que ha estremecido al país en el siglo XXI.
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