Aproximadamente un 25% de las personas que cometen delitos y son aprehendidas por los policías tienen menos de 25 años
“Vivía con la angustia de no saber dónde estaba y que hacía, todos me decían que andaba con gente mala, con el pasar del tiempo ya no era el mismo joven cercano a la familia, se fue distanciando tanto hasta que se convirtió en un extraño, ¿En qué fallé? No lo corregí a tiempo tal vez… tuve miedo de aceptar que como madre había fallado en algo, somos una familia normal, padres que trabajamos, hijas que estudiaron y trabajan. El varón se me torció en el camino, hoy no está, lo mataron, en el fondo sabía que eso algún día iba a pasar”. Este es el relato de una madre cuyo hijo siendo un adolescente empezó a delinquir, no llegó a estar tras las rejas, pero su madre vivió una especie de prisión ante las acciones de su hijo, quién fue asesinado en el año 2018 por grupos paramilitares que hacían “limpieza social” en Puerto Ayacucho.
Cada día son más los jóvenes que víctimas de la pobreza, la falta de oportunidades, victimas del entorno familiar sucumben ante las oportunidades de obtener dinero rápido, también son víctimas del vicio de las drogas y el alcohol que los lleva a cometer delitos. Robos, hurtos de residencias y personas, y en algunos casos de vehículos tipo moto, son los delitos más frecuentes, “aproximadamente un 25% de las personas que cometen delitos y son aprehendidas por los policías tienen menos de 25 años” indica un funcionario de la Policía de Amazonas, quién se encarga de llevar datos de los detenidos en procedimientos realizados por el órgano policial, también los organismos de seguridad del estado Amazonas han diagnosticado un patrón y tiene que ver con los horarios en los cuales delinquen los jóvenes, de doce del mediodía y hasta las cinco de la tarde y de siete a nueve de la noche, horarios en los cuales los representantes la mayoría de la veces se encuentran fuera del hogar.
La mayoría de los jóvenes que se encuentran detenidos no han sacado el bachillerato, abandonaron los estudios porque eso no era lo de ellos o porque necesitaban generar ingresos de alguna forma, ser profesional en Venezuela no es garantía de que puedas cubrir las tres comidas diarias, el dinero rápido hace que muchos subestimen las consecuencias negativas que eso puede ocasionar, a eso hay que sumarle un entorno familiar dañino para el desarrollo de una persona lejos de los vicios, una madre quién es jubilada de la Gobernación acotó “recibí palo del papá de mi hijo, sus llegadas a casa los fines de semana borracho eran garantía de una golpiza segura, mis hijos vieron todo eso”.
“Mandados” a cambio de dinero
Otra madre mencionó “Hago milagros para llevarle diariamente el alimento a donde él está ahorita, hay días en que no tengo nada que llevarle, no duermo pensando en que pasará la noche sin comer nada… mi hijo confió y creyó en otras personas, le ofrecieron llevar un carro pequeño a un sitio donde lo iban a cambiar por un 350”, es el relato de una madre indígena sobre la situación de su hijo detenido en el Destacamento N°631 de la Guardia Nacional Bolivariana, su hijo está preso por aceptar hacer algo que le iba a generar un ingreso de dinero extra, su impotencia la entristece.
Muchas personas se aprovechan de los indígenas y de los criollos para que ellos hagan los “mandados” a cambio de dinero, en vista de que el ingreso de las familias se ha visto mermado con la crisis económica que se vive en el país, familias enteras desempleadas, familias sobreviviendo con los bonos que a través del carnet de la patria entrega el gobierno de Nicolás Maduro, el Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (CENDA) en su reporte del mes de marzo indica que la canasta alimentaria para el grupo familiar tuvo un costo de 429.471.808,62, por lo que una familia requiere mensualmente de 239 salarios mínimos para cubrir los sesenta productos de consumo básico.
El funcionario policial también dijo que en una reunión en Caracas con representantes de organismos policiales coincidieron que entre los factores más comunes para que los jóvenes empiecen a delinquir es la situación país, jóvenes que son sustento de familia y necesitan fuentes de ingreso y las drogas. A eso se le suma el testimonio de otra madre, docente de profesión, cuando indica que en un país económicamente empobrecido los muchachos quieren vestirse bien, tener un buen zapato, un buen pantalón y no lo consiguen y buscan la manera de buscar la alternativa más fácil pero más peligrosa
“A veces trato de dejar mi mente en otra parte para no pensar que mi hijo está ahí, pero no puedo, cada día, cada recuerdo, es muy duro… ya con el tiempo los demás familiares ya no se preocupan tanto, siempre la mamá va a estar con sus hijos, así sea mocho, así sea feo, así sea malandro, una madre siempre va a estar con sus hijos”, las madres de los detenidos no descansan, están pendientes del agua, la comida, la ropa, si duermen bien, hasta se preocupan de aquellos que no tienen familiares o de quienes no reciben ni un plato de comida, Eleodora López se ha convertido en esa madre que ocupa el tiempo al pendiente de su hijo, y de los demás “muchachos” como ella les dice, “yo lucho por ellos porque el hambre duele, duele demasiado y hay privados de libertad que no se sabe si sus familiares los visitan”, para ella tener un hijo preso es como tenerlo muerto y vivo.
Muchas madres se sienten responsables de la situación que viven sus hijos, algunas no entienden porque los hijos no aceptaron que en las familias se deben conformar con lo que tienen, sienten culpas por no poder cubrir todas las necesidades básicas de la familia, otro dato relevante tiene que ver con la ausencia de la figura paterna en el hogar.
Por otro lado, el artículo 272 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) establece que “El estado garantizará la rehabilitación del interno o interna y el respeto de sus derechos humanos”, sin embargo eso no se cumple en los Centros de Detención de Venezuela, y menos aún en Puerto Ayacucho, muchos jóvenes que fueron atletas, karatecas, futbolistas están en condiciones deplorables por el consumo de drogas.
Con respecto a eso, una docente, cercana a los medios de comunicación, también ofreció su testimonio de lo que ha tenido que vivir con su hijo. “Mi hijo empezó a cambiar su conducta, se puso rebelde, quería llamar la atención, se unió a grupos en el liceo y comenzó a consumir drogas, después de ahí no pude controlarlo, en Puerto Ayacucho no existen centros de rehabilitación”, su hijo hoy está preso, empezó a robar para pagar el vicio, primero las cosas de la casa y después fuera, su madre tuvo que llevar a otra casa los objetos de valor incluyendo mudas de ropa para que su hijo no la siguiera robando, hoy se siente culpable, cree que su trabajo y tantas horas fuera de casa hizo que su hijo halla tomado el rumbo equivocado, ahora pasa el tiempo indagando sobre centros de desintoxicación, espera que su hijo sea liberado para darle la atención que necesita para que pueda dejar el vicio.
Éstas madres aprendieron y conocen el mundo de los centros de detención, la vida les cambió, aprendieron a organizar horarios para tener tiempo y asistir a las visitas, sus planes se concentran en que sus hijos no pasen un día sin comer, su lucha es ahora con abogados y con un sistema de justicia donde impera la lentitud, cargan con la vergüenza de ser señaladas por cosas que ellas no hicieron pero que en el fondo las hacen sentir culpables, sus días transcurren entre el ir y venir al CDP, son madres solas, con miedo, con nuevas amigas, la prisión las une, las une el amor por sus hijos, son madres con hijos muertos pero vivos, son los hijos que se lloran a diario.


