Mientras el oficialismo ha tergiversado el significado de palabras, conceptos y principios con el único propósito de confundir para luego dividir y, más luego, descuartizar todo lo que irrumpa su marcha en pos de más poder, el país político sucumbe ante las circunstancias. Pero sin que el golpe propinado por la caída sufrida, haya podido ocasionarle más daños que lecciones. De esta forma, los factores que configuran los sectores de la oposición democrática comenzaron a potenciarse. Asimismo, a demostrar su capacidad de convocatoria apoyada en las necesidades padecidas y que vinieron acumulándose. Al extremo, que no resistieron los embates a las que eran expuestas como consecuencias de la impostura de medidas gubernamentales escabrosas y despóticas.
Es, precisamente, una de las razones de mayor peso por cuya aplicación degeneró el proceso de gobierno que, en principio, fue aplaudido por quienes creyeron en las bondades y alcances de un programa de gobierno que, presuntamente, establecería las bases de escenarios factibles que garantizarían derechos fundamentales y libertades propias de un sistema político denominado “democracia”.
Sin embargo, todo se desvaneció hasta que las realidades se vieron confrontadas con promesas y compromisos que no pasaron de ser meras consideraciones dirigidas a ganar el espacio político necesario para así imponer no sólo la revolución empeñada. También, para aplastar cualquier indicio de institucionalización que pudiera estorbar a planes estratégicos concebidos para tomar el terreno suficiente desde donde pudiera distorsionarse con suma eficacia valores que cimientan la democracia con su agregado de libertades. Pero sobre todo, de conciencia, civismo, ciudadanía, moralidad y ética.
Pero la inmediatez con la cual envolvían toda decisión que por apuro, aprovechamiento o simple entusiasmo refrendado por la ironía y el egoísmo practicado por los cuadros gubernamentales, en nombre del socialismo del siglo XXI, adquiriera cuerpo, hizo que cada vez los yerros cundieran más intensamente la gestión publica pretendida. Así, su emulación por hacer un gobierno apegado a promesas electorales inconsistentes, puso al descubierto las enteras y manipuladoras intenciones que los “revolucionarios” gobernantes no pudieron encubrir. A pesar del inmenso gasto realizado en comprar conciencias con franelas y gorras rojas, así como con bolsas de alimentos escogidos a gusto de lo que su insolencia sigue determinando.
Con todo esto, no pudieron correr la arruga que provocó tanto desastre junto. La paciencia social, rebasó los límites del silencio impuesto con amenazas y violencia. Bastó que el gobierno se negara a alinearse a preceptos constitucionales que ordenan derechos humanos y establecen deberes inalienables, para que el pueblo ya cansado de maltratos, hambriento de libertad y debilitado por causa de un insomnio producido por la aniquilación de legítimos sueños de vida, progreso económico y ascenso social, estallara en protestas que hasta el día de hoy han ocupado el espacio de luchas y clamores que necesita reivindicarse a favor de la institucionalidad democrática.
Con el cuento de la Constituyente Comunal, luego de negarse a la realización del Referendo Revocatorio, transgrediendo impune, grosera y descaradamente la Constitución Nacional, el régimen declaró y validó su condición de tiranía provocando un rechazo no sólo nacional al fascismo de nuevo cuño practicado. También internacional, valiéndole el cuestionamiento y acusación de instancias legislativas, jurídicas, académicas, gremiales tanto como de gobiernos demócratas.
Ahora la desesperación por salir airoso de tal embarro, tiene al régimen sin la posibilidad de cuadrar formas legales de mostrar otro talante distinto del dictatorial. Contrariamente a ello, todo le sale torcido. Y aún así, su obstinación y terquedad sigue siendo estructural. Por tan discordante razón, podría decirse que la errada dirección de gobierno asumida en los últimos cuatro años, particularmente, hizo que se enfrascara en la resolución de un problema que sólo el régimen pudo crear y que no pudo evitar y menos superar, dada la ineptitud, la soberbia y la testarudez. Así, con el acompañamiento de dichas antivalores, el régimen plantea gobernar procesos sociales tan exigente como el de esta Venezuela salida, justo a tiempo, del engaño socialista. Tan serio problema de imposible escape, fue intentar el desenredo de un problema de imposible solución. Nada menos y nada más, que la cuadratura social del círculo político



