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Las lagunas de los extremistas europeos por Luis DE LION

marine le pen1

Fue una campaña, primero estrictamente mediática y luego meramente electoral, demasiado larga. En ambas la ganadora fue Marine Le Pen, presidenta y líder del Frente Nacional, el principal partido galo de extrema derecha.

 

Los voceros del FN batieron todos los récords de antena en las emisiones políticas. Sin duda que el miedo vende. Sondeos y comentaristas, al unísono convirtieron a Marine Le Pen y a su partido, de forma ficticia en el principal partido de Francia.

 

Sin embargo, llegado el momento de las elecciones regionales francesas, en particular la segunda y decisiva vuelta, del pasado domingo 13 de diciembre, ninguno de los candidatos del hasta ese entonces “primer partido de Francia” logró ganar ni una sola región de las 13 en disputa.

 

Finalmente el FN es un partido aislado, que mete miedo, y que saca buenos resultados en la primera vuelta electoral, sin más.

 

Yo no diría que sea visto como un partido de protesta. Es más un partido de ruptura, una agrupación que se ha esmerado en mejorar su imagen y su marketing político en detrimento de sus ideas y de sus propuestas. Este último punto sigue siendo el talón de Aquiles, de un partido que quiere tomar el poder pero que no sabe qué hará una vez fuera de la Unión Europea, que no tiene plan de cual moneda adoptar una vez fuera del euro, entre muchas otras lagunas.

 

En el aspecto meramente legislativo, dado que, por primera vez en la historia que el FN tiene dos diputados en la Asamblea gala, estos se han limitado, a votar la ratificación del Estado de Excepción decretado por Hollande luego de los atentados ocurridos el 13 de noviembre en París.

 

Dicho esto, no es menos cierto que, el mapa político galo suele cambiar. Generalmente lo hace de izquierda a derecha y viceversa. No se produjo la novedad, de un cambio hacia la extrema derecha. Entre otras razones, porque hay en Francia un viejo hábito de sancionar sistemáticamente a las mayorías, costumbre cuyo origen está en el hecho que el pueblo desconfía del poder absoluto, cualquiera que sea la corriente política que pretenda ejercerlo.

 

Aunque, ha quedado ésta vez en el ambiente, la duda si los votos constituyen una real adhesión. Pareciera que no es así, por cuanto la alta abstención (51%) refleja de forma paradójica que el electorado galo estaría cansado del clásico enfrentamiento entre izquierda y derecha.

 

Así las cosas, de momento Francia se orienta hacia una nueva forma de cohabitación, una manera muy propia y original de compartir los poderes republicanos; los destinos de la nación en manos de la izquierda y la gestión regional en manos de la derecha.

 

Una izquierda concentrada en el PS, partido que perdió en las elecciones del pasado domingo más de la mitad de sus escaños regionales y lo más grave, obtuvo a nivel nacional, menos votos que el FN. Una catástrofe electoral para la izquierda gala que no se repetía desde las presidenciales del 2002.

 

A pesar de no haber ganado ninguna región, el FN y su 30% de votos se izó como la segunda fuerza política gala. Un fenómeno, el del extremismo político, que igualmente de forma ficticia sondeos y analistas alimentaron en España con los radicales de Podemos.

@LDeLION

marine le pen1

Fue una campaña, primero estrictamente mediática y luego meramente electoral, demasiado larga. En ambas la ganadora fue Marine Le Pen, presidenta y líder del Frente Nacional, el principal partido galo de extrema derecha.

 

Los voceros del FN batieron todos los récords de antena en las emisiones políticas. Sin duda que el miedo vende. Sondeos y comentaristas, al unísono convirtieron a Marine Le Pen y a su partido, de forma ficticia en el principal partido de Francia.

 

Sin embargo, llegado el momento de las elecciones regionales francesas, en particular la segunda y decisiva vuelta, del pasado domingo 13 de diciembre, ninguno de los candidatos del hasta ese entonces “primer partido de Francia” logró ganar ni una sola región de las 13 en disputa.

 

Finalmente el FN es un partido aislado, que mete miedo, y que saca buenos resultados en la primera vuelta electoral, sin más.

 

Yo no diría que sea visto como un partido de protesta. Es más un partido de ruptura, una agrupación que se ha esmerado en mejorar su imagen y su marketing político en detrimento de sus ideas y de sus propuestas. Este último punto sigue siendo el talón de Aquiles, de un partido que quiere tomar el poder pero que no sabe qué hará una vez fuera de la Unión Europea, que no tiene plan de cual moneda adoptar una vez fuera del euro, entre muchas otras lagunas.

 

En el aspecto meramente legislativo, dado que, por primera vez en la historia que el FN tiene dos diputados en la Asamblea gala, estos se han limitado, a votar la ratificación del Estado de Excepción decretado por Hollande luego de los atentados ocurridos el 13 de noviembre en París.

 

Dicho esto, no es menos cierto que, el mapa político galo suele cambiar. Generalmente lo hace de izquierda a derecha y viceversa. No se produjo la novedad, de un cambio hacia la extrema derecha. Entre otras razones, porque hay en Francia un viejo hábito de sancionar sistemáticamente a las mayorías, costumbre cuyo origen está en el hecho que el pueblo desconfía del poder absoluto, cualquiera que sea la corriente política que pretenda ejercerlo.

 

Aunque, ha quedado ésta vez en el ambiente, la duda si los votos constituyen una real adhesión. Pareciera que no es así, por cuanto la alta abstención (51%) refleja de forma paradójica que el electorado galo estaría cansado del clásico enfrentamiento entre izquierda y derecha.

 

Así las cosas, de momento Francia se orienta hacia una nueva forma de cohabitación, una manera muy propia y original de compartir los poderes republicanos; los destinos de la nación en manos de la izquierda y la gestión regional en manos de la derecha.

 

Una izquierda concentrada en el PS, partido que perdió en las elecciones del pasado domingo más de la mitad de sus escaños regionales y lo más grave, obtuvo a nivel nacional, menos votos que el FN. Una catástrofe electoral para la izquierda gala que no se repetía desde las presidenciales del 2002.

 

A pesar de no haber ganado ninguna región, el FN y su 30% de votos se izó como la segunda fuerza política gala. Un fenómeno, el del extremismo político, que igualmente de forma ficticia sondeos y analistas alimentaron en España con los radicales de Podemos.

@LDeLION

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marine le pen1

Fue una campaña, primero estrictamente mediática y luego meramente electoral, demasiado larga. En ambas la ganadora fue Marine Le Pen, presidenta y líder del Frente Nacional, el principal partido galo de extrema derecha.

 

Los voceros del FN batieron todos los récords de antena en las emisiones políticas. Sin duda que el miedo vende. Sondeos y comentaristas, al unísono convirtieron a Marine Le Pen y a su partido, de forma ficticia en el principal partido de Francia.

 

Sin embargo, llegado el momento de las elecciones regionales francesas, en particular la segunda y decisiva vuelta, del pasado domingo 13 de diciembre, ninguno de los candidatos del hasta ese entonces “primer partido de Francia” logró ganar ni una sola región de las 13 en disputa.

 

Finalmente el FN es un partido aislado, que mete miedo, y que saca buenos resultados en la primera vuelta electoral, sin más.

 

Yo no diría que sea visto como un partido de protesta. Es más un partido de ruptura, una agrupación que se ha esmerado en mejorar su imagen y su marketing político en detrimento de sus ideas y de sus propuestas. Este último punto sigue siendo el talón de Aquiles, de un partido que quiere tomar el poder pero que no sabe qué hará una vez fuera de la Unión Europea, que no tiene plan de cual moneda adoptar una vez fuera del euro, entre muchas otras lagunas.

 

En el aspecto meramente legislativo, dado que, por primera vez en la historia que el FN tiene dos diputados en la Asamblea gala, estos se han limitado, a votar la ratificación del Estado de Excepción decretado por Hollande luego de los atentados ocurridos el 13 de noviembre en París.

 

Dicho esto, no es menos cierto que, el mapa político galo suele cambiar. Generalmente lo hace de izquierda a derecha y viceversa. No se produjo la novedad, de un cambio hacia la extrema derecha. Entre otras razones, porque hay en Francia un viejo hábito de sancionar sistemáticamente a las mayorías, costumbre cuyo origen está en el hecho que el pueblo desconfía del poder absoluto, cualquiera que sea la corriente política que pretenda ejercerlo.

 

Aunque, ha quedado ésta vez en el ambiente, la duda si los votos constituyen una real adhesión. Pareciera que no es así, por cuanto la alta abstención (51%) refleja de forma paradójica que el electorado galo estaría cansado del clásico enfrentamiento entre izquierda y derecha.

 

Así las cosas, de momento Francia se orienta hacia una nueva forma de cohabitación, una manera muy propia y original de compartir los poderes republicanos; los destinos de la nación en manos de la izquierda y la gestión regional en manos de la derecha.

 

Una izquierda concentrada en el PS, partido que perdió en las elecciones del pasado domingo más de la mitad de sus escaños regionales y lo más grave, obtuvo a nivel nacional, menos votos que el FN. Una catástrofe electoral para la izquierda gala que no se repetía desde las presidenciales del 2002.

 

A pesar de no haber ganado ninguna región, el FN y su 30% de votos se izó como la segunda fuerza política gala. Un fenómeno, el del extremismo político, que igualmente de forma ficticia sondeos y analistas alimentaron en España con los radicales de Podemos.

@LDeLION

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