Otto Rojas / Panorama
Aunque el paso fronterizo entre Venezuela y Colombia por Paraguachón estuvo totalmente restringido, incluso para los wayuu, en el primer día del decreto de estado de excepción en los municipios zulianos de Mara, Guajira y Almirante Padilla, las llamadas “trochas” o “caminos verdes” fueron ‘el escape’ tanto para colombianos y venezolanos que quisieron atravesar los límites entre ambas naciones.
La expectativa y la calma reinaron en todo momento. No se registró alteración del orden público ni resistencia ante el cierre. Desde que se anunció la medida a las 11:20 de la noche del pasado lunes, funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana dispusieron de dos cordones militares. La primera barricada está ubicada en el Punto de control fronterizo de Paraguachón y el segundo, a cien metros, al margen de la icónica “V” que hace una línea imaginaria entre los dos países.
Los wayuu tampoco pudieron atravesar la frontera, pese a la orden presidencial que hacía referencia al libre tránsito.
“Los guajiros no tienen frontera. Yo cumplo mi tratamiento médico en Maicao y no pude trasladarme, conocí la noticia del cierre cuando llegué a Guarero”, expresó, ayer, María Antonia Palmar.
La Troncal del Caribe lució desolada, en la mañana, desde Puerto Caballo (Maracaibo) hasta Paraguachón (Guajira). En horas de la tarde, se registró poca afluencia de vehículos livianos y escasa de camiones.
El puente sobre el Río Limón fue el primer “filtro” de la GNB, allí los funcionarios regresaban a las personas que tenían como destino final la frontera.
Quienes llegaban a Paraguachón con la intención de atravesar se devolvían al agotar todos los “intentos” legales por cruzar. Sin embargo, los más osados “contrataban” los servicios de motorizados o carritos por puestos que los llevaran hasta Colombia por trochas.
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