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Bienvenidos a la realidad por Tony Bianchi

Petróleo6

 

LO BUENO

En 1910 Venezuela descubrió el petróleo, riqueza inesperada que puso a valer a un país que vivía solamente del orgullo de haber logrado  una heroica independencia, un país sin embargo marginado, en la sombra de un mundo económico mucho más desarrollado y progresista.

Se despertó el país. Gradualmente llegaron grandes inversiones.  La nación  y el pueblo empezaron a prosperar y el mundo comenzó a reconocer a Venezuela impulsando una expansión petrolera que trajo siempre mayores ganancias.

Sin perdonar las fallas de la varias dictaduras que se alternaron al poder con  gobiernos de características democráticas, hubo grandes avances especialmente durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez cuyas obras públicas sumaron más que todas las que lograron  los restantes gobiernos desde su derrocamiento en 1958 hasta hoy.

Los 40 años desde 1959 a 1999 siguieron contribuyendo riqueza derivada del petróleo pero gradualmente y muy tristemente en escala siempre menor, mientras que, en escala siempre mayor, como si fuera por epidemia, los venezolanos  se  acostumbraron al paternalismo estatal y al síndrome de la “plata fácil.”

 

LO MALO

Esta plata derivaba del  compañerismo,  compadrazgo,  favores y  las obligaciones políticas, coimas,  peajes, mordidas,  proteccionismo profesional, desfalco, negocios algo ilegales, otros muy ilegales, prácticas sucias  y  dañinas para el país. Me recuerdo el shock que recibí cuando en 1995 un importante instituto bancario internacional reveló que Venezuela era uno de los países del mundo de más chanchullos y desfalcos donde solamente un 62% de los fondo recibidos por préstamos para su desarrollo alcanzaban su destino.

De esta forma  era claro que Venezuela  dejaba  de ser un país en proceso de desarrollo al desperdiciar casi el 40% de estos préstamos, destinados mayormente para la industria petrolera  y para su expansión industrial y su emancipación.

Elección presidencial tras elección presidencial el sueño de un cambio de rumbo se iba gradualmente apagando. Pero para la gran sorpresa de los “pendejos,” tal como fueros calificados por Arturo Uslar Pietri los ciudadanos honestos y verdaderamente democráticos, al resto del pueblo las irregularidades no le dolía. Lo único que le importaba eran sus negocios, algo sucios, sucios o repugnantes que fueran.

En el campo petrolero, con la nacionalización de la industria por parte de Carlos Andrés Pérez en 1976 el 29 por ciento de las entradas eran destinadas a PDVSA y el 71 por ciento para el gobierno pero estos porcentajes fueron reversados por la Nuevas Ley de Hidrocarburos introducidas por Hugo Chávez en el 2001.

 

LO IMPERDONABLE

No cabe duda que el comienzo del desastre de la industria petrolera comenzó al finalizar la huelga de PDVSA a comienzo del año 2002 que costó el puesto al increíble número de 19.000 empleados altamente calificados. De allí en adelante los errores, barbaridades y el desperdicio de fondos derivados de nuestra prácticamente única fuente de ingreso durante un decenio de bonanza son incalculables.

Poco o casi nada fue dedicado al mantenimiento de la industria, el mejoramiento de las instalaciones y la recuperación de los pozos marginales. Las trágicas explosiones de Amuay y de El Palito deberían haber propiciados medidas correctivas e intensa dedicación a un aparato productivo en gran estado de deterioro. Pero no fue  así.

Al mismo tiempo el gobierno siguió empeñado en regalar crudo a Cuba y medio regalar parte de nuestra producción a los países del Caribe  ( Petrocaribe ) a cambio de apoyo y votos en instancias internacionales como las OEA  ( Organización de los Estados Americanos) y las Naciones Unidas.

Para completar una de las más tristes páginas de la historia de PDVSA y Venezuela  la casi la totalidad del mega préstamo del 30.000 millones de dólares de China para incrementar la producción petrolera y promover mas exportaciones de hidrocarburos a Pequín fueron utilizadas para financiar la campaña presidencial de las elecciones de octubre del 2012 incluyendo una regaladera  de artefacto eléctricos, la concesión de préstamos y otros favores sin iguales para asegurar la victoria de Chávez, y esto es solamente una pequeña parte de lo desperdiciado.

Ahora, con la gran caída de los precios petroleros, Venezuela está prácticamente en quiebra, no hay mas churupos y el país está al borde del precipicio.

 

LA REALIDAD

Venezuela sigue teniendo la segunda más grande  reserva de hidrocarburos del mundo. Pero se trata del crudo pesado de la Faja del Orinoco, cuya extracción y conversión en petróleo liviano requiere grandes inversiones y tiempo. Para esto y una recuperación de producción industrial y agrícola se necesita bien otro tren de gobernantes y un cambio radical de la política del estado.

Pero más que todo se necesita que el venezolano se de cuenta que ya no puede depender del estado y ya no puede contar con  “plata fácil” y es hora de abandonar el relajo y los subterfugios, arremangarse la camisa y trabajar honestamente como pasa en la mayoría del resto del mundo.

Los beneficios que el estado podrá brindar al país dependerán tanto de las decisiones de los gobernantes como del trabajo de los mismos ciudadanos. ¡Bienvenidos a la realidad!

 

 

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LO BUENO

En 1910 Venezuela descubrió el petróleo, riqueza inesperada que puso a valer a un país que vivía solamente del orgullo de haber logrado  una heroica independencia, un país sin embargo marginado, en la sombra de un mundo económico mucho más desarrollado y progresista.

Se despertó el país. Gradualmente llegaron grandes inversiones.  La nación  y el pueblo empezaron a prosperar y el mundo comenzó a reconocer a Venezuela impulsando una expansión petrolera que trajo siempre mayores ganancias.

Sin perdonar las fallas de la varias dictaduras que se alternaron al poder con  gobiernos de características democráticas, hubo grandes avances especialmente durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez cuyas obras públicas sumaron más que todas las que lograron  los restantes gobiernos desde su derrocamiento en 1958 hasta hoy.

Los 40 años desde 1959 a 1999 siguieron contribuyendo riqueza derivada del petróleo pero gradualmente y muy tristemente en escala siempre menor, mientras que, en escala siempre mayor, como si fuera por epidemia, los venezolanos  se  acostumbraron al paternalismo estatal y al síndrome de la “plata fácil.”

 

LO MALO

Esta plata derivaba del  compañerismo,  compadrazgo,  favores y  las obligaciones políticas, coimas,  peajes, mordidas,  proteccionismo profesional, desfalco, negocios algo ilegales, otros muy ilegales, prácticas sucias  y  dañinas para el país. Me recuerdo el shock que recibí cuando en 1995 un importante instituto bancario internacional reveló que Venezuela era uno de los países del mundo de más chanchullos y desfalcos donde solamente un 62% de los fondo recibidos por préstamos para su desarrollo alcanzaban su destino.

De esta forma  era claro que Venezuela  dejaba  de ser un país en proceso de desarrollo al desperdiciar casi el 40% de estos préstamos, destinados mayormente para la industria petrolera  y para su expansión industrial y su emancipación.

Elección presidencial tras elección presidencial el sueño de un cambio de rumbo se iba gradualmente apagando. Pero para la gran sorpresa de los “pendejos,” tal como fueros calificados por Arturo Uslar Pietri los ciudadanos honestos y verdaderamente democráticos, al resto del pueblo las irregularidades no le dolía. Lo único que le importaba eran sus negocios, algo sucios, sucios o repugnantes que fueran.

En el campo petrolero, con la nacionalización de la industria por parte de Carlos Andrés Pérez en 1976 el 29 por ciento de las entradas eran destinadas a PDVSA y el 71 por ciento para el gobierno pero estos porcentajes fueron reversados por la Nuevas Ley de Hidrocarburos introducidas por Hugo Chávez en el 2001.

 

LO IMPERDONABLE

No cabe duda que el comienzo del desastre de la industria petrolera comenzó al finalizar la huelga de PDVSA a comienzo del año 2002 que costó el puesto al increíble número de 19.000 empleados altamente calificados. De allí en adelante los errores, barbaridades y el desperdicio de fondos derivados de nuestra prácticamente única fuente de ingreso durante un decenio de bonanza son incalculables.

Poco o casi nada fue dedicado al mantenimiento de la industria, el mejoramiento de las instalaciones y la recuperación de los pozos marginales. Las trágicas explosiones de Amuay y de El Palito deberían haber propiciados medidas correctivas e intensa dedicación a un aparato productivo en gran estado de deterioro. Pero no fue  así.

Al mismo tiempo el gobierno siguió empeñado en regalar crudo a Cuba y medio regalar parte de nuestra producción a los países del Caribe  ( Petrocaribe ) a cambio de apoyo y votos en instancias internacionales como las OEA  ( Organización de los Estados Americanos) y las Naciones Unidas.

Para completar una de las más tristes páginas de la historia de PDVSA y Venezuela  la casi la totalidad del mega préstamo del 30.000 millones de dólares de China para incrementar la producción petrolera y promover mas exportaciones de hidrocarburos a Pequín fueron utilizadas para financiar la campaña presidencial de las elecciones de octubre del 2012 incluyendo una regaladera  de artefacto eléctricos, la concesión de préstamos y otros favores sin iguales para asegurar la victoria de Chávez, y esto es solamente una pequeña parte de lo desperdiciado.

Ahora, con la gran caída de los precios petroleros, Venezuela está prácticamente en quiebra, no hay mas churupos y el país está al borde del precipicio.

 

LA REALIDAD

Venezuela sigue teniendo la segunda más grande  reserva de hidrocarburos del mundo. Pero se trata del crudo pesado de la Faja del Orinoco, cuya extracción y conversión en petróleo liviano requiere grandes inversiones y tiempo. Para esto y una recuperación de producción industrial y agrícola se necesita bien otro tren de gobernantes y un cambio radical de la política del estado.

Pero más que todo se necesita que el venezolano se de cuenta que ya no puede depender del estado y ya no puede contar con  “plata fácil” y es hora de abandonar el relajo y los subterfugios, arremangarse la camisa y trabajar honestamente como pasa en la mayoría del resto del mundo.

Los beneficios que el estado podrá brindar al país dependerán tanto de las decisiones de los gobernantes como del trabajo de los mismos ciudadanos. ¡Bienvenidos a la realidad!

 

 

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