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El bicentenario silenciado: 1810-1811 / 2010-2011

La historia y sus historias

Es difícil imaginar por qué en Venezuela las grandes jornadas de la Independencia, del 19 de Abril de 1810 al 5 de Julio de 1811, están siendo silenciadas. En todos los otros países de América Latina, la celebración del bicentenario no sólo ocupa lugar privilegiado en las agendas nacionales, sino que constituye, paralelamente, jornadas de reflexión y de revisión contemporánea.

¿Por qué en Venezuela se impone el silencio oficial? ¿Por qué se pretende que el pueblo sea puesto de espaldas ante su propia historia? Nadie lo sabe, pocos se lo preguntan. Es como si los sucesos de los años 1810 y 1811 que arrancaron desde el 19 de Abril y nos condujeron al 5 de Julio no hubieran sido el punto de partida de la nacionalidad.

Como si la discrepancia ideológica con las características y propósitos independentistas impusiera el silencio. Es difícil encontrarle explicación a lo que es algo más, mucho más que indiferencia.  Es una política.

Cuando uno mira a los otros países latinoamericanos, aprecia cómo la celebración se ha  traducido en jornadas de revisión de la historia. De difusión de principios, de reencuentro con los grandes protagonistas del proceso político, y, en última instancia, en ocasión para cohesionar a sus pueblos.

La mayoría de países asumió la celebración con foros interdisciplinarios, ciclos de conferencias, edición de colecciones de obras fundamentales, intercambios con académicos, intelectuales, grandes obras simbólicas, etc. En Venezuela la Academia Nacional de la Historia es la única institución que lleva a cabo un gran proyecto editorial, la Colección Bicentenario que ha publicado ya más de diez títulos y promete muchos más.

Siempre se ufanaron los venezolanos de su historia  como pueblo que estuvo a la vanguardia de la rebelión independentista. Las razones demasiado evidentes: era la tierra de Francisco de Miranda y de Simón Bolívar, del Precursor y del Libertador, y de pensadores como Juan Germán Roscio, Miguel José Sanz, Manuel Palacio Fajardo, Miguel Peña, Pedro Gual. Desde el punto de vista ideológico, el legado de estos venezolanos es verdaderamente excepcional. ¿No era el bicentenario la ocasión más propicia para  realzarlos como figuras y difundir su pensamiento?

Pasó inadvertido el 19 de Abril de 1810, no hubo en el bicentenario la gran celebración. Todo indica que el proceso que arrancó desde el 2 de marzo de 1811 hasta el 5 de Julio, día de la instalación del Congreso y de declaración de Independencia, transcurrirá también en silencio. ¿Cómo explicar semejante anomalía, semejante discriminación (no es simple indiferencia), frente a las jornadas que dieron origen a la nacionalidad? En América Latina, Venezuela ha sido, y es, la excepción. El país, justamente, que podía enaltecer su gran contribución al proceso independentista. Como síntoma, es de extrema gravedad. Un bicentenario, 1810-1811 / 2010-2011, silenciado.

Silenciado Bolívar, silenciado Miranda, silenciada Venezuela.

SIMÓN ALBERTO CONSALVI

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La historia y sus historias

Es difícil imaginar por qué en Venezuela las grandes jornadas de la Independencia, del 19 de Abril de 1810 al 5 de Julio de 1811, están siendo silenciadas. En todos los otros países de América Latina, la celebración del bicentenario no sólo ocupa lugar privilegiado en las agendas nacionales, sino que constituye, paralelamente, jornadas de reflexión y de revisión contemporánea.

¿Por qué en Venezuela se impone el silencio oficial? ¿Por qué se pretende que el pueblo sea puesto de espaldas ante su propia historia? Nadie lo sabe, pocos se lo preguntan. Es como si los sucesos de los años 1810 y 1811 que arrancaron desde el 19 de Abril y nos condujeron al 5 de Julio no hubieran sido el punto de partida de la nacionalidad.

Como si la discrepancia ideológica con las características y propósitos independentistas impusiera el silencio. Es difícil encontrarle explicación a lo que es algo más, mucho más que indiferencia.  Es una política.

Cuando uno mira a los otros países latinoamericanos, aprecia cómo la celebración se ha  traducido en jornadas de revisión de la historia. De difusión de principios, de reencuentro con los grandes protagonistas del proceso político, y, en última instancia, en ocasión para cohesionar a sus pueblos.

La mayoría de países asumió la celebración con foros interdisciplinarios, ciclos de conferencias, edición de colecciones de obras fundamentales, intercambios con académicos, intelectuales, grandes obras simbólicas, etc. En Venezuela la Academia Nacional de la Historia es la única institución que lleva a cabo un gran proyecto editorial, la Colección Bicentenario que ha publicado ya más de diez títulos y promete muchos más.

Siempre se ufanaron los venezolanos de su historia  como pueblo que estuvo a la vanguardia de la rebelión independentista. Las razones demasiado evidentes: era la tierra de Francisco de Miranda y de Simón Bolívar, del Precursor y del Libertador, y de pensadores como Juan Germán Roscio, Miguel José Sanz, Manuel Palacio Fajardo, Miguel Peña, Pedro Gual. Desde el punto de vista ideológico, el legado de estos venezolanos es verdaderamente excepcional. ¿No era el bicentenario la ocasión más propicia para  realzarlos como figuras y difundir su pensamiento?

Pasó inadvertido el 19 de Abril de 1810, no hubo en el bicentenario la gran celebración. Todo indica que el proceso que arrancó desde el 2 de marzo de 1811 hasta el 5 de Julio, día de la instalación del Congreso y de declaración de Independencia, transcurrirá también en silencio. ¿Cómo explicar semejante anomalía, semejante discriminación (no es simple indiferencia), frente a las jornadas que dieron origen a la nacionalidad? En América Latina, Venezuela ha sido, y es, la excepción. El país, justamente, que podía enaltecer su gran contribución al proceso independentista. Como síntoma, es de extrema gravedad. Un bicentenario, 1810-1811 / 2010-2011, silenciado.

Silenciado Bolívar, silenciado Miranda, silenciada Venezuela.

SIMÓN ALBERTO CONSALVI

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