TelegramWhatsAppFacebookX

¿Las primarias dividirán a la Oposición?


Sin ser pitoniso y sencillamente apelando a una lógica política muy elemental, cuando se inició este año en el artículo “Un largo, difícil e importante 2.011” publicado el pasado 12 de enero, afirmaba que “en el momento que el primer aspirante con algún chance presente su nombre, allí todo lo que subterráneamente se ha movido hasta ahora, emergerá con fuerza y habrá fricciones internas (naturales). El choque entre bloques de partidos será evidente para que su candidato se imponga, pues ello significará que operativamente, dominará en la oposición”. Más adelante en ese mismo artículo, planteaba la posibilidad de que aún sin haber habido algún anuncio formal sobre primarias, eso no detendría a los precandidatos. La realidad habla hoy por sí sola.

Analizando los hechos de las últimas horas se concluye fácilmente: ya la carrera se inició… no hay dudas.

Los hechos

El pasado día sábado, desde el Estado Táchira, el diputado zuliano Enrique Márquez anunció públicamente que Manuel Rosales se lanzaría como candidato a la presidencia de la República (aún en su difícil situación de exilio, en la que está desde 2009) y también, paralelamente, destacó que Pablo Pérez sería otro competidor por Un Nuevo Tiempo. La tolda política en su nota de prensa destacaba que el partido celebraría unas elecciones internas hacia finales de año para escoger a su abanderado y presentar así una sola opción. Leyendo entrelíneas a los del Zulia –o al menos a un sector de ellos–, están comunicando que desearían unas elecciones primarias hacia el primer trimestre del año.

Apenas transcurridas 48 horas, el día lunes y quizás de modo poco convencional, el Alcalde Metropolitano de Caracas Antonio Ledezma del partido ABP, afirmó que “colocaba su nombre a la disposición de los venezolanos” y que manifestaba su intención de participar en las elecciones primarias, erigiéndose así como el segundo (o tercer) aspirante. Todos los nombres mencionados hasta el momento pertenecen a algo que se ha convenido en llamar dentro del mundo político como el “Bloque Socialdemócrata” y que a lo interno, presenta una situación muy interesante entre los partidos UNT, ABP y AD que en próximos artículos examinaré en más detalle. Esa misma noche en una entrevista, el gobernador del Estado Miranda Henrique Capriles Radonsky aún cuando firmemente declaraba que no era candidato presidencial –al menos no todavía, agrego yo– se pronunciaba por la tesis de que las primarias se celebrasen a finales de 2.011.

Por su parte, el influyente editor del diario Tal Cual Teodoro Petkoff, desde hace unos 10 días viene pronunciándose primero por su programa televisivo dominical y luego en entrevistas concedidas, como partidario de la celebración de elecciones primarias –a su juicio, el método que ya goza del consenso de los partidos de la MUD– en el mes de octubre. Hoy, 09 de febrero, le dedica su editorial a esa propuesta. Petkoff ha ido inclusive un paso más allá: ha dicho que apoya la propuesta de la Tarjeta Única, que tanto debate y fricción generó en el pasado.

Mientras tanto, la MUD también anuncia hoy que la fecha y las reglas para la celebración de las elecciones primarias estarán listas para el próximo mes de marzo. La naturaleza de este reglamento y de la comisión que lo adelanta aún no es materia del conocimiento de la Opinión Pública. Esperemos que eso cambie.

Las cuestiones internas

A juzgar por lo que uno puede apreciar en muchas de las conversaciones que se están dando por estos días en las redes sociales sobre todos estos hechos, muchos no entienden lo que pasa y abiertamente manifiestan sus dudas. Abundan las preguntas y paralelamente, abundan las reflexiones: ¿Qué pasa dentro de Un Nuevo Tiempo que hay dos candidatos? ¿Manuel Rosales y Pablo Pérez están enfrentados? ¿Por qué Antonio Ledezma “se lanzó” de ese modo? ¿Por qué los tres partidos socialdemócratas no resuelven su candidatura puertas adentro para ofrecer una sola propuesta? ¿Por qué Manuel Rosales si éste ya fue candidato en 2006? ¿Cuántos candidatos habrá? ¿No serán muchos candidatos? ¿Por qué Henrique Capriles no se ha lanzado? ¿Por qué Petkoff presiona tanto para que las primarias sean en octubre? ¿Por qué ahora sí apoya la Tarjeta Única? ¿Por qué las primarias no pueden ser antes? ¿Por qué las primarias no pueden ser después?…

Estoy seguro que en esta lista aún faltan más interrogantes, pero más allá de todas las cuestiones internas que ocurren en los partidos –que son además normales– y en las que las aspiraciones personales juegan un rol preponderante y que la mayor de las veces mueven pasiones a veces incomprensibles e incontrolables, yace una reflexión estructural y de naturaleza estratégica: ¿Cómo puede se puede derrotar a Hugo Chávez, si la Oposición se divide? ¿Cómo hablar de “Unidad” si por el contrario se avanza hacia una dinámica “intestina” en los próximos veces? ¿Cómo unir a los venezolanos si se desata literalmente un “campo de batalla” entre candidatos?

Gran pregunta. Allí comienzan a surgir los críticos de las primarias.

El gran “pero” de las primarias

Efectivamente, no sólo acá, sino en muchas otras latitudes, siempre se cuestiona la pertinencia de las primarias porque las mismas dividen y dejan heridas que no terminan de sanar antes de las elecciones generales. El enfrentamiento interno alcanza tal nivel de encono que la posterior reconciliación no es factible. Sí, eso ha ocurrido antes en la historia política de muchos países. Pero lo invito, estimado lector, a que reflexione por un momento que ha ocurrido en los últimos meses en Venezuela: aunque no fue el método dominante para escoger a los candidatos de las elecciones parlamentarias, allí donde hubo primarias (aproximadamente en 14 circuitos), lejos de crearse desunión posteriormente, ocurrió todo lo contrario.

En 2010 en materia de primarias no hubo cuestionamientos. Los que perdieron reconocieron y felicitaron gallardamente a quienes triunfaron. No sólo eso: en muchos casos –que conozco personalmente– quienes no fueron favorecidos el 25 de abril, acompañaron a los candidatos en sus campañas para lograr el objetivo superior: derrotar al PSUV. En algunos casos con éxito, en otros no. Pero mi punto central es que la primaria no fue un problema, sino la solución. Tanto así, que luego de los comicios parlamentarios, varias de las candidaturas unitarias escogidas para las elecciones especiales del 5 de diciembre, se resolvieron por ese método. Caso emblemático: el municipio Maracaibo. La tan temida división jamás se dio y por el contrario, la indiscutible legitimidad de quien resultó favorecida por el voto de los electores energizó el proceso y le dio un impulso incuestionable.

Haga un balance de todos los sitios donde hubo primarias y saque usted sus propias conclusiones.

Compromiso ante el país: Campaña de altura

Sin embargo, para este caso muy particular de la elección de la candidatura presidencial creo que hay ir a más y muy pronto. Hay que dar señales muy claras de responsabilidad en las que los aspirantes ofrezcan garantías a quienes mayoritariamente están preocupados por la Unidad. Pero no sólo eso, el “proceso electoral primario” debe también institucionalizar esas garantías.

Todos los aspirantes a participar en las elecciones primarias –tengan éstos mucho o poco chance– deben comprometerse ante el país a realizar una campaña limpia, una campaña de altura. Debe ser un compromiso individual muy firme y hecho público. Cada candidato debe entender que el electorado lo condenará si se desvía de ese camino.

Pero voy un paso más allá. En algún momento todos los aspirantes, en conjunto, en un solo acto, deben firmar un pacto para celebrar una campaña de altura y un acuerdo para lograr el “destierro de la descalificación”. Debe celebrarse públicamente un evento en el que todos se comprometen a recorrer las calles de Venezuela enarbolando las banderas de sus propuestas, no descalificaciones y zancadillas. Este “acuerdo” de alto nivel tendría además un doble propósito: por un lado, regular las diferencias que existirán entre los candidatos y que son naturales en cualquier confrontación de este tipo y por el otro, quizás más importante, contrastar con lo que ocurre en “el otro lado”. Que sea sólo Chávez quien se mantenga soltando improperios e intentando rebajar moralmente, pero que no sean los aspirantes de la alternativa. El electorado percibirá las diferencias y eso produce consecuencias políticas muy claras.

Esa campaña de altura, debe contar además con un marco institucional lleno de incentivos. Yo adelanto inicialmente dos: 1) una sana regulación en la publicidad y 2) la realización obligatoria de debates entre candidatos. La primera ayudaría a que todos tengan –al menos teóricamente– las mismas oportunidades de difundir su mensaje en los espacios disponibles para tal fin y la segunda, ayudaría notablemente a institucionalizar el intercambio y discusión sobre las visiones del país. Muy probablemente haya muchas semejanzas entre los programas de los candidatos, pero el elector tiene derecho a conocer en qué difieren unos de los otros.

Si esos debates se promueven dentro de un clima de cordialidad, tolerancia y respeto por las diferencias, pero al mismo tiempo, con la pasión que cada aspirante debe imprimirle a sus ideas, el país habrá ganado mucho y nuevamente, el contraste será muy dañino para quien solitariamente pelea con sombras.

Piense en cómo sería una campaña electoral en la que con compromiso individual y de grupo, seriedad y pluralidad, se escoja al abanderado opositor. Es difícil que el resultado sea de heridas imposibles de restañar, sino más bien de un crecimiento cualitativo notable que abra camino hacia el gran objetivo estratégico: ganar la Presidencia de la República.

Quizás la única y mejor manera de expandir el electorado –atraer nuevos votantes e interesar a quienes hoy están desconectados, que los hay y mucho, créame– sean unas primarias con una campaña de altura y profundo debate.

Sin embargo, hay que ver el tablero completo y por supuesto, el gobierno no se quedará de brazos cruzados y jugará también agresivamente en estas primarias de la Oposición tratando de influir determinantemente en ellas. Pero eso será objeto de otro análisis posterior en este espacio.

Me despido momentáneamente, invitándolo a conversar en el Twitter sobre este tópico. Ahí estoy siempre a su orden.

TelegramWhatsAppFacebookX


Sin ser pitoniso y sencillamente apelando a una lógica política muy elemental, cuando se inició este año en el artículo “Un largo, difícil e importante 2.011” publicado el pasado 12 de enero, afirmaba que “en el momento que el primer aspirante con algún chance presente su nombre, allí todo lo que subterráneamente se ha movido hasta ahora, emergerá con fuerza y habrá fricciones internas (naturales). El choque entre bloques de partidos será evidente para que su candidato se imponga, pues ello significará que operativamente, dominará en la oposición”. Más adelante en ese mismo artículo, planteaba la posibilidad de que aún sin haber habido algún anuncio formal sobre primarias, eso no detendría a los precandidatos. La realidad habla hoy por sí sola.

Analizando los hechos de las últimas horas se concluye fácilmente: ya la carrera se inició… no hay dudas.

Los hechos

El pasado día sábado, desde el Estado Táchira, el diputado zuliano Enrique Márquez anunció públicamente que Manuel Rosales se lanzaría como candidato a la presidencia de la República (aún en su difícil situación de exilio, en la que está desde 2009) y también, paralelamente, destacó que Pablo Pérez sería otro competidor por Un Nuevo Tiempo. La tolda política en su nota de prensa destacaba que el partido celebraría unas elecciones internas hacia finales de año para escoger a su abanderado y presentar así una sola opción. Leyendo entrelíneas a los del Zulia –o al menos a un sector de ellos–, están comunicando que desearían unas elecciones primarias hacia el primer trimestre del año.

Apenas transcurridas 48 horas, el día lunes y quizás de modo poco convencional, el Alcalde Metropolitano de Caracas Antonio Ledezma del partido ABP, afirmó que “colocaba su nombre a la disposición de los venezolanos” y que manifestaba su intención de participar en las elecciones primarias, erigiéndose así como el segundo (o tercer) aspirante. Todos los nombres mencionados hasta el momento pertenecen a algo que se ha convenido en llamar dentro del mundo político como el “Bloque Socialdemócrata” y que a lo interno, presenta una situación muy interesante entre los partidos UNT, ABP y AD que en próximos artículos examinaré en más detalle. Esa misma noche en una entrevista, el gobernador del Estado Miranda Henrique Capriles Radonsky aún cuando firmemente declaraba que no era candidato presidencial –al menos no todavía, agrego yo– se pronunciaba por la tesis de que las primarias se celebrasen a finales de 2.011.

Por su parte, el influyente editor del diario Tal Cual Teodoro Petkoff, desde hace unos 10 días viene pronunciándose primero por su programa televisivo dominical y luego en entrevistas concedidas, como partidario de la celebración de elecciones primarias –a su juicio, el método que ya goza del consenso de los partidos de la MUD– en el mes de octubre. Hoy, 09 de febrero, le dedica su editorial a esa propuesta. Petkoff ha ido inclusive un paso más allá: ha dicho que apoya la propuesta de la Tarjeta Única, que tanto debate y fricción generó en el pasado.

Mientras tanto, la MUD también anuncia hoy que la fecha y las reglas para la celebración de las elecciones primarias estarán listas para el próximo mes de marzo. La naturaleza de este reglamento y de la comisión que lo adelanta aún no es materia del conocimiento de la Opinión Pública. Esperemos que eso cambie.

Las cuestiones internas

A juzgar por lo que uno puede apreciar en muchas de las conversaciones que se están dando por estos días en las redes sociales sobre todos estos hechos, muchos no entienden lo que pasa y abiertamente manifiestan sus dudas. Abundan las preguntas y paralelamente, abundan las reflexiones: ¿Qué pasa dentro de Un Nuevo Tiempo que hay dos candidatos? ¿Manuel Rosales y Pablo Pérez están enfrentados? ¿Por qué Antonio Ledezma “se lanzó” de ese modo? ¿Por qué los tres partidos socialdemócratas no resuelven su candidatura puertas adentro para ofrecer una sola propuesta? ¿Por qué Manuel Rosales si éste ya fue candidato en 2006? ¿Cuántos candidatos habrá? ¿No serán muchos candidatos? ¿Por qué Henrique Capriles no se ha lanzado? ¿Por qué Petkoff presiona tanto para que las primarias sean en octubre? ¿Por qué ahora sí apoya la Tarjeta Única? ¿Por qué las primarias no pueden ser antes? ¿Por qué las primarias no pueden ser después?…

Estoy seguro que en esta lista aún faltan más interrogantes, pero más allá de todas las cuestiones internas que ocurren en los partidos –que son además normales– y en las que las aspiraciones personales juegan un rol preponderante y que la mayor de las veces mueven pasiones a veces incomprensibles e incontrolables, yace una reflexión estructural y de naturaleza estratégica: ¿Cómo puede se puede derrotar a Hugo Chávez, si la Oposición se divide? ¿Cómo hablar de “Unidad” si por el contrario se avanza hacia una dinámica “intestina” en los próximos veces? ¿Cómo unir a los venezolanos si se desata literalmente un “campo de batalla” entre candidatos?

Gran pregunta. Allí comienzan a surgir los críticos de las primarias.

El gran “pero” de las primarias

Efectivamente, no sólo acá, sino en muchas otras latitudes, siempre se cuestiona la pertinencia de las primarias porque las mismas dividen y dejan heridas que no terminan de sanar antes de las elecciones generales. El enfrentamiento interno alcanza tal nivel de encono que la posterior reconciliación no es factible. Sí, eso ha ocurrido antes en la historia política de muchos países. Pero lo invito, estimado lector, a que reflexione por un momento que ha ocurrido en los últimos meses en Venezuela: aunque no fue el método dominante para escoger a los candidatos de las elecciones parlamentarias, allí donde hubo primarias (aproximadamente en 14 circuitos), lejos de crearse desunión posteriormente, ocurrió todo lo contrario.

En 2010 en materia de primarias no hubo cuestionamientos. Los que perdieron reconocieron y felicitaron gallardamente a quienes triunfaron. No sólo eso: en muchos casos –que conozco personalmente– quienes no fueron favorecidos el 25 de abril, acompañaron a los candidatos en sus campañas para lograr el objetivo superior: derrotar al PSUV. En algunos casos con éxito, en otros no. Pero mi punto central es que la primaria no fue un problema, sino la solución. Tanto así, que luego de los comicios parlamentarios, varias de las candidaturas unitarias escogidas para las elecciones especiales del 5 de diciembre, se resolvieron por ese método. Caso emblemático: el municipio Maracaibo. La tan temida división jamás se dio y por el contrario, la indiscutible legitimidad de quien resultó favorecida por el voto de los electores energizó el proceso y le dio un impulso incuestionable.

Haga un balance de todos los sitios donde hubo primarias y saque usted sus propias conclusiones.

Compromiso ante el país: Campaña de altura

Sin embargo, para este caso muy particular de la elección de la candidatura presidencial creo que hay ir a más y muy pronto. Hay que dar señales muy claras de responsabilidad en las que los aspirantes ofrezcan garantías a quienes mayoritariamente están preocupados por la Unidad. Pero no sólo eso, el “proceso electoral primario” debe también institucionalizar esas garantías.

Todos los aspirantes a participar en las elecciones primarias –tengan éstos mucho o poco chance– deben comprometerse ante el país a realizar una campaña limpia, una campaña de altura. Debe ser un compromiso individual muy firme y hecho público. Cada candidato debe entender que el electorado lo condenará si se desvía de ese camino.

Pero voy un paso más allá. En algún momento todos los aspirantes, en conjunto, en un solo acto, deben firmar un pacto para celebrar una campaña de altura y un acuerdo para lograr el “destierro de la descalificación”. Debe celebrarse públicamente un evento en el que todos se comprometen a recorrer las calles de Venezuela enarbolando las banderas de sus propuestas, no descalificaciones y zancadillas. Este “acuerdo” de alto nivel tendría además un doble propósito: por un lado, regular las diferencias que existirán entre los candidatos y que son naturales en cualquier confrontación de este tipo y por el otro, quizás más importante, contrastar con lo que ocurre en “el otro lado”. Que sea sólo Chávez quien se mantenga soltando improperios e intentando rebajar moralmente, pero que no sean los aspirantes de la alternativa. El electorado percibirá las diferencias y eso produce consecuencias políticas muy claras.

Esa campaña de altura, debe contar además con un marco institucional lleno de incentivos. Yo adelanto inicialmente dos: 1) una sana regulación en la publicidad y 2) la realización obligatoria de debates entre candidatos. La primera ayudaría a que todos tengan –al menos teóricamente– las mismas oportunidades de difundir su mensaje en los espacios disponibles para tal fin y la segunda, ayudaría notablemente a institucionalizar el intercambio y discusión sobre las visiones del país. Muy probablemente haya muchas semejanzas entre los programas de los candidatos, pero el elector tiene derecho a conocer en qué difieren unos de los otros.

Si esos debates se promueven dentro de un clima de cordialidad, tolerancia y respeto por las diferencias, pero al mismo tiempo, con la pasión que cada aspirante debe imprimirle a sus ideas, el país habrá ganado mucho y nuevamente, el contraste será muy dañino para quien solitariamente pelea con sombras.

Piense en cómo sería una campaña electoral en la que con compromiso individual y de grupo, seriedad y pluralidad, se escoja al abanderado opositor. Es difícil que el resultado sea de heridas imposibles de restañar, sino más bien de un crecimiento cualitativo notable que abra camino hacia el gran objetivo estratégico: ganar la Presidencia de la República.

Quizás la única y mejor manera de expandir el electorado –atraer nuevos votantes e interesar a quienes hoy están desconectados, que los hay y mucho, créame– sean unas primarias con una campaña de altura y profundo debate.

Sin embargo, hay que ver el tablero completo y por supuesto, el gobierno no se quedará de brazos cruzados y jugará también agresivamente en estas primarias de la Oposición tratando de influir determinantemente en ellas. Pero eso será objeto de otro análisis posterior en este espacio.

Me despido momentáneamente, invitándolo a conversar en el Twitter sobre este tópico. Ahí estoy siempre a su orden.

Todavia hay más
Una base de datos de mujeres y personas no binarias con la que buscamos reolver el problema: la falta de diversidad de género en la vocería y fuentes autorizadas en los contenidos periodísticos.