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La Crisis De Los Iluminados Por Isaac Nahón Serfaty

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En su estilo claro y preciso el filósofo Baruj Espinoza escribió: “Si los hombres pudieran manejar sus asuntos a partir de un plan, o si la fortuna les fuese siempre favorable, no caerían en las garras de la superstición…en la mayoría de los casos sus corazones están prestos en creer en cualquier cosa”.  En tiempos de crisis las “garras de la superstición” son más atractivas y más poderosas. Sus presas son los simples mortales angustiados ante las interrogantes de un futuro incierto.

En Venezuela han surgido toda clase de iluminados que tienen sus respuestas “ready-made” para salir del foso en el que el país se encuentra. Está el Profeta que recomienda guardar basura que habrá que quemar en el momento adecuado, como si con un incienso maloliente se pudiera conjurar la maldición de este régimen malandro. También tenemos al Guarimbero Mayor quien en un vídeo “grafológico” nos muestra la receta de la “multiplicación de los carros” como forma de acabar con esta vaina. Y no olvidemos a las brujitas y astrólogos de varios sabores y colores que ven conjunciones perfectas y cartas propicias que anunciar el fin de los tiempos.

Con el frenesí de Twitter, esta especie de conciencia colectiva que fluye eternamente, los augurios proféticos circulan a la velocidad de la luz. Cada hecho, cada palabra y caga gesto (la bandera que se cae, por ejemplo) se interpretan a la luz de los mensajes cifrados de videntes y astros. Un mensaje tiene su contra-mensaje, su foto, su prueba y su contra-prueba. Los racionalistas, por su lado, advierten de la locura, pero muchos no los escuchan porque tienen necesidad de creer, pues de otro modo los aplastaría el desánimo ante la brutal realidad.

En tono bíblico habrá que recordar que “no hay nada nuevo bajo el sol”.  Venezuela ha sido tierra fértil para las supercherías de todo orden. Betancourt tuvo su pipa ensalmada, a pesar de su agnosticismo. Muchos otros políticos acudían a sus leedores de tabaco. Pero con Chávez, como en otro asuntos, la explosión mágico-religiosa llegó a su clímax. Por influencia cubana se han incrementado las variantes “negras” y “blancas” de ritos afroamericanos. Y la pasión y muerte del desaparecido presidente han dado pie a un nuevo culto que tiene en el Cuartel de la Montaña su templo.

El frecuente mal citado Marx tuvo razón cuando dijo: “La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo”. En estos tiempos trágicos para Venezuela, el opio que ofrecen los iluminados es un consuelo. Algunos dirán que es un síntoma de la locura que nos arropa como sociedad. Yo diría que es más bien la búsqueda de coherencia en el maremágnum de incoherencias que nos agobian todos los días.

 

Isaac Nahón Serfaty

* Venezolano, periodista y profesor de la Universidad de Ottawa (Canadá).

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En su estilo claro y preciso el filósofo Baruj Espinoza escribió: “Si los hombres pudieran manejar sus asuntos a partir de un plan, o si la fortuna les fuese siempre favorable, no caerían en las garras de la superstición…en la mayoría de los casos sus corazones están prestos en creer en cualquier cosa”.  En tiempos de crisis las “garras de la superstición” son más atractivas y más poderosas. Sus presas son los simples mortales angustiados ante las interrogantes de un futuro incierto.

En Venezuela han surgido toda clase de iluminados que tienen sus respuestas “ready-made” para salir del foso en el que el país se encuentra. Está el Profeta que recomienda guardar basura que habrá que quemar en el momento adecuado, como si con un incienso maloliente se pudiera conjurar la maldición de este régimen malandro. También tenemos al Guarimbero Mayor quien en un vídeo “grafológico” nos muestra la receta de la “multiplicación de los carros” como forma de acabar con esta vaina. Y no olvidemos a las brujitas y astrólogos de varios sabores y colores que ven conjunciones perfectas y cartas propicias que anunciar el fin de los tiempos.

Con el frenesí de Twitter, esta especie de conciencia colectiva que fluye eternamente, los augurios proféticos circulan a la velocidad de la luz. Cada hecho, cada palabra y caga gesto (la bandera que se cae, por ejemplo) se interpretan a la luz de los mensajes cifrados de videntes y astros. Un mensaje tiene su contra-mensaje, su foto, su prueba y su contra-prueba. Los racionalistas, por su lado, advierten de la locura, pero muchos no los escuchan porque tienen necesidad de creer, pues de otro modo los aplastaría el desánimo ante la brutal realidad.

En tono bíblico habrá que recordar que “no hay nada nuevo bajo el sol”.  Venezuela ha sido tierra fértil para las supercherías de todo orden. Betancourt tuvo su pipa ensalmada, a pesar de su agnosticismo. Muchos otros políticos acudían a sus leedores de tabaco. Pero con Chávez, como en otro asuntos, la explosión mágico-religiosa llegó a su clímax. Por influencia cubana se han incrementado las variantes “negras” y “blancas” de ritos afroamericanos. Y la pasión y muerte del desaparecido presidente han dado pie a un nuevo culto que tiene en el Cuartel de la Montaña su templo.

El frecuente mal citado Marx tuvo razón cuando dijo: “La miseria religiosa es a la vez la expresión de la miseria real y la protesta contra la miseria real. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo”. En estos tiempos trágicos para Venezuela, el opio que ofrecen los iluminados es un consuelo. Algunos dirán que es un síntoma de la locura que nos arropa como sociedad. Yo diría que es más bien la búsqueda de coherencia en el maremágnum de incoherencias que nos agobian todos los días.

 

Isaac Nahón Serfaty

* Venezolano, periodista y profesor de la Universidad de Ottawa (Canadá).

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